...Y fue cuando pude, por vez primera observar tus ojos, y comprendí de inmediato que algo te había estado afligiendo por todo este tiempo.
Me sentí culpable, desde luego, es más, intenté ayudarte, pero fue entonces que me di vueltas y vueltas en el espiral de ideas que poco a poco comenzaban a guiarme a través de laberintos de perspectivas y posibles razones por las cuales podrías estarte sintiendo así de afligido.
No me dirigiste palabra, pero tu rápida aceptación y entrega hacia mi -cálido- abrazo habló por sí misma, pronto las lágrimas empaparían mi polerón azul, y por más que intentásemos hablar el tema, nunca se había dado de forma tan difícil y complicada.
Quería decírtelo ya, y de una sola vez. Pero no tenía idea alguna acerca de cómo comenzar. Deseé encontrar las palabras adecuadas, de esas suaves, livianas y tersas, semejantes a nubes de algodón que flotan y que fácilmente puedes atravesar con tus manos heladas cual témpano.
Levantaste el rostro, y deshiciste mi abrazo con facilidad; Tu corpulenta espalda y descolorida piel morena me hablaron de cuánto habías intentado hacerle sentir orgullosa y complacida, pero eso sólo hacía que me pusiera más nerviosa, y por ende cada vez costaba más que el habla saliese de mi boca.
Te detuviste a observar mis ojos de nuevo. Por fin pude atisbar esa mínima chispita que siempre solía yacer ahí, intacta y serena, en tus pupilas encendidas.
Respiré profundo, te abracé nuevamente y aunque tu llanto había cesado hace unos segundos, te quejaste de la humedad presente en mi hombro: Reímos un poco, pero yo sabía que tarde o temprano te lo diría, y tú, de alguna u otra forma te diste por enterado; En ese minuto fue cuando me di cuenta finalmente que no tenía otro remedio más que comenzar a dar rodeos para luego llegar al grano.
"Tú sabes que siempre se sintió marginada y muy sola" Inicié el parloteo y esperaba que no llegases a la conclusión antes de lo previsto. Me respondiste con un leve asentimiento que inconscientemente traducí como un 'sí'. Te expliqué lo mucho que me costaba decírtelo y tus ojos continuaron cegándome con su brillo, realmente envidiaba aquella llama de vida en ellos.
"También sabes que hacía tiempo ya que no vivía bien; le costaba mantenerse en pié" Asentiste de nuevo con esos pequeños y ya conocidos cristales cayendo por tus mejillas.
"Humano, tu Consciencia ha muerto" Sentencié.
No hay comentarios:
Publicar un comentario