Luego de tanto andar, a veces hace falta un respiro. De esos laaargos y algo más oxigenados que los ya propinados. Y fuera de eso, también a veces nos hace falta brindarnos a nosotros mismos una de aquellas sonrisas de antaño, en las que sólo nos dignábamos a sonreír sin pensar en nada más.
Creo que en mi extensa vida, es primera vez que me puedo sentar a descansar sobre una roca. Y no creo que haya sido una mala idea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario