
La vida te ayuda a dar pasos, pero luego de mucha enseñanza, te deja sola. Así me siento. Y es que las cosas no siempre marchan como deberían. Las consecuencias son, en cierto modo, algo de lo que uno vive al igual que de las acciones que uno emprende. Asumo que no debo sonreír porque sí... pero a estas alturas, ¿qué más da?; las razones para sonreír se han ido bastante lejos como para correr y regresarlas a mi vida. Es más, siento que ellas tampoco desean volver... El cielo sigue igual de azul, los capullos siguen floreciendo, todos seguimos respirando... Pero hay algo más. Me es difícil de explicar la pequeña piedrilla que me atraganta al hablar y al confiar. Porque el número de personas en quién confiar se ha rebajado rápidamente. Y no sé por qué. Son esas cosas inexplicables a las que uno intenta enfrentarse pero no puede, porque no se sabe qué es. Necesito buenos amigos, ahora, ya!; necesito pilares firmes e irremovibles, de los cuales sostenerme cuando caiga. ¿Es que es mucho pedir?; Yo creo que sí. Porque en realidad, nadie está preparado para sostener a otro que cae, y es que él también debe saber pararse... No quiero ahogar a nadie intentando salvarme del maldito piso al que me caí. Pero pido por favor que no se me haga tan difícil pararme y caminar erguida otra vez...
No hay comentarios:
Publicar un comentario