domingo, junio 24

Lack of Life.

Han pasado dos horas desde que mi corazón se detuvo.
He pensando en abandonarme, en dejarme deshabitada, limitada a la existencia.
No quiero existir.
Quiero vivir.
Quiero vivir lo que prometimos, por lo que el día a día tenía sentido.
Quiero vivir lo que atesoramos, lo que nos esmeramos en construir.
Aquello que seguirá pendiente por siempre.

Buenas Noches.

Se hace yerma mi piel si no estás.
Se hace líquido mi cuerpo, fluyo por las paredes sin encontrar destino.
No sé qué hacer con un cielo estrellado si te hayas ausente.
Vivo para oír tu hálito pronunciar las palabras que hacen hervir mi sangre en endorfinas;
Tu nombre se hace luciérnaga en mi bosque de sombras.
Me consumo en tu paisaje y en tu memoria.
Vive el hoy, no el ayer.
Vive en el agua, no en el cielo.
Vive la vida, no la muerte.
No te vayas, no te escapes al submundo de la abulia, vida mía.
Sigue, vive, nace, vuela.
Vuela hacia lo más profundo del lápiz, sumérgete en el papel de la miel.
Escapa, vuela lejos del humo y los litros aquellos que quizás, cuando la abulia alcanza tus sentidos, comienzas a añorar.

El dulzor de tus labios se absorbe cada vez que te dejas llevar por tus bestias;
Esas que destrozan tu corazón en luces que se esparcen por la ciudad.
No sueltes mi mano. No la dejes ir.
No me dejes ir, Hombre de Letras.
No lo dejes ir.
No digas adiós,
Si hablas nuevamente,
Di buenas noches.

sábado, junio 9

La Caja de Pandora.

Inverosímil era salir de la consciencia y entregarse a la vida misma. La interioridad de tu ser me llamaba a gritos para fundirme en su densa y abstracta niebla, para fundirme en sus desvaríos y sorpresas. Sin ecuanimidad ni rutina fluyes por el mar de la existencia, tornándote así la Caja de Pandora siempre quise tener y a la cual debía temer abrir, pero que simplemente no lograba ese efecto sino otro totalmente opuesto: la de atracción por lo desconocido y sin develar. No temía de ti debido a la compatibilidad y a la mutua búsqueda de alguien que enraizara a la Tierra el centro de nuestra única entidad espiritual: el alma.
No importando qué enfermedad o misterio revelaras, qué cualidad o color saliera de tu vientre, la impasibilidad de tu receptor seguiría su curso.

Como un conejo desorientado correría tras un arbusto no por temor sino admirada de la locura que nunca sé si serás o no capaz de cometer.

Pero quién sabe, ni yo conociéndote puedo predecirte.