Me gusta la nieve, sobre todo esa nieve que expulsas por tu boca al hablarme.
Creo que tu frialdad me ha hecho interesarme más en ti.
No hay vergeles en tu mirada, ni una boletería de tickets para la película de tu vida.
Tu franqueza me alarma, me histeriza. Aunque siempre sabes sacarme una sonrisa, típico de chistera envenenada.
Tus manos enfatizan lo que intentas explicarme, mas tu boca modula en una lengua foránea, desconocida;
no me queda más que extasiarme, detenerme, observarte, y reintegrarme a eso ya conocido.
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