lunes, mayo 10

La Metamorfosis de las Pupilas del Fénix Otoñal.

Supongo que el otoño no ha venido a jugar en vano... Supongo que tus ojos, esas malditas, vívidas y cristalinas pupilas, tal como aquel otoño de ese entonces, no han cambiado; Al menos no tanto como yo pensé que cambiarían. Me tranquiliza saber que mis ojos no han cambiado tanto, mas yo he cambiado, no en esencia, claro, pues es algo que tú conoces bien de mí. Te hiciste conocedor absoluto de mis tristezas, de mis miedos, de mi agitada adolescencia, de esa mirada serena que a ratos me acompleja, me acecha, me busca. Has sido parte importante de éste, mi pecho masacrado, parte esencial de mis antiguas alegrías, de mis viejas manos y de mi provecta silueta. Es entonces cuando digo: Sí, he cambiado; he cambiado en vida, en muerte, en alma, en luz, en tierra, en color y estructura.
El fénix ha logrado salir al fin de su jaula en este otoño de perdiciones.

Tu vida y la mía,
a ratos confusa,
a ratos libre,
a ratos vertiginosa,
a ratos loca,
a ratos viuda,
a ratos improvisada,
a ratos hermosa,
a ratos anhelada,
a veces olvidada,
otras veces recordada,
a ratos acerba,
a ratos dulce,
a ratos, -y casi siempre- tan sólo Tuya y Mía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario