Y la música comenzó a tronar desde esa vitrola de telarañas y años y años pasados.
Mis pies danzaron al son de esa música tan mágica, que hacía que mi corazón saltase, de tan sólo escuchar aquellas notas tan soberbias, tan intensas que hacían que mis párpados se dieran vuelta hacia mí misma, hacia mi propia alma.
La búsqueda de la ansiedad, de esos ridículos bichos tan odiosos y anormales dentro de mi estómago, de esa respiración agitada que no me deja ni pensar correctamente, me trajo consigo su suave candor, esa tenue brisa de figuras literarias, de ortografía perfecta, de malas maneras, de medias sonrisas, de sonrisas desdentadas, de uni-cejas, de ojos pequeños, de manos secas, de pies cansados, de cotidianeidades, de rutinas, de pájaros cáidos y de letras desgastadas en sonatas maltrechas, ruidosas, exhuberantes.
Me trajo a tu regazo, me trajo nuevamente a ese cándido abrazo que nos dimos hace ya tanto.
Nuevamente.
Me encanta esa palabra.
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