Un café con sal. Ganas de llorar.
Mi mundo empezando a temblar,
presiente que se acerca el final.
No quiero ganar. Ahora eso qué más da.
Estoy cansada ya de inventar
excusas que no sabe andar.
Y sólo quedarán los buenos momentos de ayer
que fueron de los dos.
Y hoy solo quiero creer...
Que recordarás las tardes de invierno por Madrid
las noches enteras sin dormir
la vida pasaba y yo sentía
que me iba a morir de amor
al verte esperando en mi portal
sentado en el suelo sin pensar
que puedes contar conmigo.
Nunca huvo maldad. Sólo ingenuidad.
Pretendiendo hacernos creer
que el mundo estaba a nuestros pies.
No hay comentarios:
Publicar un comentario