Tú y Yo caminábamos como siempre por la gran avenida florecida sin que nada nos importara más que nuestras miradas topándose a cada segundo. Mi pelo solía revolotear en el viento y mecerse con las hojas caídas y por caer. No había distancia que nos separase. O bueno, al menos no una tan extensa como la que nos está separando esta vez. Mis manos buscan las tuyas, mis brazos se extienden a más no poder para percibir en su total magnitud la solidez y la calma de tu abrazo -aún sabiendo que es un tanto imposible hallarlo ahora-.. y no encuentran más que una bufanda y tu perfume. Me agobia estar lejos de ti. No sentir tu calor ni tu mirada frágil y traviesa.
Es probable que nos podramos ver esta semana, quizás hasta mañana. Pero quién sabe. El destino ya no me juega buenas pasadas. Y creo que deberé acostumbrarme. Él no es de muchas palabras, es impredecible, le gusta todo a su antojo, y puede cambiar todo a último minuto. Tal parece que tiene todas las de ganar. Y sino es así, por favor, convénceme de lo contrario. Necesito respaldo. Por no decir mucho. Pero creo que más del que me brindas sería pedir el mundo. ¿Quieres dármelo? Oh, de veras. Ya lo estás haciendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario