jueves, julio 29

Locura, Cólera y Amor. Lluvia, Tortugas y Entes.

A veces, sin embargo, me pierdo entremedio de la maleza, del trigo, de todo ese campo de lavandas rutinario, minimalista, surrealistamente cubista.
No siempre la brisa me levanta la pollera y siento que me busca al andar, al sentir que en su vertiginoso caminar de conejo me detengo, al respirar más de un tipo de aire al mismo tiempo, pero más que hacerme sentir avergonzada me siento liberada, como si esa catarsis implicase más allá de mostrar mis piernas a esos entes invisibles y nada humanos habitantes de aquel místico paraje de mis sueños.
A veces,... Hay veces en que, tan sólo vivo, disfruto, me dejo llevar.
A pesar de que todo a veces se transforme en una vil mutación de cuento de terror sin editar, siempre quedan retazos de novela o de tortugas terrestres, y es entonces cuando simplemente te veo: una extravagante aparición de la nada, cual brote de planta, cual pompa de jabón, cual rayo de sol en día nublado.

No siempre la lluvia me mira con sus ojos verde miel y me invita a pasar a su hogar de misterios y encontrones, de miseria y encanto; incluso a veces la persuado a que lo haga, intento convencerla, y no siempre responde de buena forma, supongo que su vida no está pasando por la dicha que yo estoy sintiendo, y lamento más por ella que por mí.
Sí, más por ella que por mí porque, aunque ella haya pasado toda una vida viviendo las alegrías de los demás, de esos seres que audazmente se internan en esa cortina de fragancias y armonía con entusiasmo y ensimismamiento, no logra dimensionar la cantidad de burbujas que conforman mi propia médula en estas situaciones de locura, cólera y amor.

Quizás no es que no lo logre, sino que no pueda.
Y eso, es más complicado aún. No sé si complicado, pero creo que más que nunca lamento por aquellos que no son capaces de ver más allá de sus narices y leer todo textual.

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