Tus ojos delirantes.
Tu voz apagada.
Tu sonrisa se desviste, escapa; sucumbo.
Sucumbo una vez más ante tu nombre.
Ese nombre de rompecabezas siciliano, de atajos y vericuetos en China, de cabarets en New York. De estrellas en Cancún, de zapatos bailarines en Finlandia, de vírgenes en Toronto.
Ese nombre de mis locuras, de mis desvelos, de mis presagios, de todo aquello que convoca a mis piernas desnudas a salir corriendo, no de ti, sino hacia ti, Hombre en Llamas, que tanto te he extrañado.
Tus ojos fogosos.
Tu voz casi cálida.
Tu sonrisa me desviste, me retiene; sucumbo, como siempre lo he hecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario