domingo, marzo 6

19 Días y 500 Noches; Del Maestro Sabina A Vuestra Mesa.

Lo nuestro duró, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks.
En vez de fingir o estrellarme una copa de celos, le dio por reír.
De pronto me vi, como perro de nadie ladrando, a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios, la miel en los albios ye scarcha en el pelo.
Tenían razón mis amantes en eso de que antes el malo era yo, con una excepción: 
esta vez yo quería quererla querer y ella no.
Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas;
Desde el taxi, y haciendo un exceso, me tiró dos besos, uno por mejilla

Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a la cenicientas de saldo y esquina y por esas ventas de fino Laína, pagando la cuenta de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína. (Ay! volviéndome loco)
Derrochando la bolsa y la vida, la fui, poco a poco, dando por perdida.
Y eso que yo, para no agobiar con flores a María, para no asediarla con mi antología de sábana fría y alcoba vacía, para no comprarla con pisutería, ni ser el fantocjhe que va en romería con la cofradía del Santo Reproche
Tanto la quería (Ay! tanto la quería!) que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches.

Dijo: hola y adiós. Y el portazo sonó como un signo de interrogación.
Sospecho que así se vengaba a través del olvido Cupido de mí
No, no pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar porque ya no le importa, siempre tuvo la frente muy alta , la lengua muy larga y la falda muy corta.

Me abandonó como se abandonan los zapatos viejos, destrozó el cristal de mis gafas de lejos, sacó del espejo su vivo retraro y fui tan torero por los callejones del juego y el vino, que ayer el portero me echó del Casino de Torrelodones.
Qué pena tan grande (Ay! qué pena, qué pena)
Negaría el Santo Sacramento en el mismo momento que ella me lo mande.
Y eso que yo, para no agobiar con flores a María, para no asediarla con mi antología de sábana fría y alcoba vacía, para no comprarla con pisutería, ni ser el fantocjhe que va en romería con la cofradía del Santo Reproche
Tanto la quería (Ay! tanto la quería!) que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches.

Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a la cenicientas de saldo y esquina y por esas ventas de fino Laína, pagando la cuenta de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína. (Ay! volviéndome loco)
Derrochando la bolsa y la vida, la fui, poco a poco, dando por perdida.
Y eso que yo, para no agobiar con flores a María, para no asediarla con mi antología de sábana fría y alcoba vacía, para no comprarla con pisutería, ni ser el fantocjhe que va en romería con la cofradía del Santo Reproche
Tanto la quería (Ay! tanto la quería!) que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches.

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