Se hace yerma mi piel si no estás.
Se hace líquido mi cuerpo, fluyo por las paredes sin encontrar destino.
No sé qué hacer con un cielo estrellado si te hayas ausente.
Vivo para oír tu hálito pronunciar las palabras que hacen hervir mi sangre en endorfinas;
Tu nombre se hace luciérnaga en mi bosque de sombras.
Me consumo en tu paisaje y en tu memoria.
Vive el hoy, no el ayer.
Vive en el agua, no en el cielo.
Vive la vida, no la muerte.
No te vayas, no te escapes al submundo de la abulia, vida mía.
Sigue, vive, nace, vuela.
Vuela hacia lo más profundo del lápiz, sumérgete en el papel de la miel.
Escapa, vuela lejos del humo y los litros aquellos que quizás, cuando la abulia alcanza tus sentidos, comienzas a añorar.
El dulzor de tus labios se absorbe cada vez que te dejas llevar por tus bestias;
Esas que destrozan tu corazón en luces que se esparcen por la ciudad.
No sueltes mi mano. No la dejes ir.
No me dejes ir, Hombre de Letras.
No lo dejes ir.
No digas adiós,
Si hablas nuevamente,
Di buenas noches.
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