El primer paso debe ser propio para poder ver más allá de ese velo de prejuicios que nos suele crecer desde las cejas, tapando nuestros ojos y limitando nuestro actuar, pues ¿qué es un hombre sin circunstancias? ¿sin hechos? ¿sin un ambiente propicio para sí mismo?
Cada humano se hace de su propio entorno, amoldándolo y viendo lo que quiere ver, escuchando lo que quiere escuchar, sintiendo lo que quiere sentir. ¿Quiénes somos para hacer que otro vea/escuche/sienta lo que nosotros sentimos? ¿No es acaso que somos viles mortales intentando romper las burbujas en las que vivimos, escapando de la realidad de la que somos parte? ¿Que nos engañamos para encontrar una razón por la cual seguir actuando como lo hacemos?
Nos creemos pequeños dioses, vívidas esculturas del más precioso metal, que todos deben admirar.
Afortunadamente para todos, en lo más profundo de nuestros seres vive esa imperfección que nos hace tan hermosos y a la vez tan incomprendidos y únicos. No seremos dioses omnipotentes, pero sí podemos ser dioses de lo más humano que hay: Lo absurdo. Somos seres tan absurdos que nos contradecimos, vamos y venimos, que decimos 'sí' cuando queremos decir 'no' y lloramos cuando creemos debemos reír. Vivimos en ese vaivén de lo que pensamos es correcto y en lo que nos influencian es correcto. Nos crían con prejuicios y nos encierran en moldes que nadie sabe ocupar realmente. ¿Somos sólo eso? ¿Carne amoldeada en características de dudosa procedencia, de vano enfoque?
Nadie sabría decirlo a ciencia cierta pues... ¿qué es la vida? ¿es acaso más que lo descrito? ¿es acaso menos que aquello?
La vida es mucho más que eso y yo... aún no sé lo que realmente es.
No hay comentarios:
Publicar un comentario