En el sueño te hacías de agua en tus miembros y ésta se derramaba en tus ojos. Navegabas con tu cuerpo, te vestías de agua, vivías en ella. Parecía amarte y estabas en mi mundo.
Te hice competencia, junto a otros; tratando de pasar inadvertida mientras atisbaba tus volteretas en aquel mar sintético.
Las líneas del tren eran ocupadas por un vagón en el que nos encontrábamos, parecías no haberte percatado de mi presencia... quizás si pasase hoy no haría nada por cambiar tu perspectiva y continuaría siendo invisible por el bien de la fecha. Y luego con la voz puesta en alto, decidí hacerte saber de mí. Tu rostro todo lo dijo. Se curtió, se deshizo y volvió en la máscara que una vez yo rompí. Todo se volvió un remolino de materia gris.
Parecía como si nada tuviera música ni risas ni vida.
Quién fuera Grenouille para recordar aromas.
Quién fuera Cerati para predecir cuánto falta.
Quién fuera Chris Isaak para decir que todo fue un juego sucio.
Quién fuera yo vidas antes para haber disfrutado de lo idílico.
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