Rasgando el papel, sintiendo que los pies henchidos de miseria y embriaguez se atascan en las arenas de lo que pudo ser, de lo que
no fue y de lo que
no será, caigo en el abismo de lo que alguna vez fue roído por los fantasmas de lo que fue apostado: Mi vida. Moviéndose, la nube de polvo se esparce, se quiebra, se vicia y me envuelve, en desorbitantes rugidos de leones y risas de hienas, alardes de cuervos y jotes que han venido por mis ojos y la carne de mi provecta osamenta.
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