domingo, agosto 22

Invierno de Proporciones Que Hace Que Mis Párpados No Puedan Abrirse Al Mundo de Las Risas y los Encantos de Equivalencias Que No Equivalen Realmente.

Mi pecho desnudo reclama por abrigo mientras que la cálida madera sobre la cual estoy sentada comienza a congelarse. El metal que me cobija ya no lo hace y por más protegida que esté, más inerme me siento. La desguarnición, la inseguridad, el miedo, se hacen de mis ahora vulnerables sentidos y me someten a un vertiginoso placer culpable que me involucra más allá de lo físico.

Está todo cambiado, las cosas no saben a lo que me solían saber.
Ya no veo nada especial, sólo locura, locura, locura excesiva.

Amor Libre en su máxima expresión; La Búsqueda de la Felicidad pasó a segundo plano y hasta a veces me pregunto qué he hecho de incorrecto.
He de aceptarlo: he simulado, he mentido, he escondido, me he resignado a vivir sin sonrisas ni gestos fidedignos, pero eso no equivale a un suicidio, no equivale a haberse cavado la propia tumba;
Equivale a un asesinato, conlleva a un desgaste, a un roce excesivo entre los sentimientos y la real y pérfida consciencia.
Equivale a comenzarse a sentir minúsculo en una ciudad llena de angustioso y decadente cinismo.
Equivale a jugar con los contornos del tiempo sin pensar en las consecuencias.
Equivale a perder el control por algo más que un momento.
Equivale a convertirse en una persona insondable que por muchas palabras que pronuncie, no transmutará en función de la aurora amada, a quien aunque la flor opaque, continúa edificando su propia soledad en torno a la introversión y a la espera de un día de mañana mejor.

Presiento que la estancia en esta etapa de inanimidad será más larga que lo esperado.
Y ya extraño las risas, los abrazos y los jugueteos.

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