miércoles, marzo 3

Miscelánea About Sinä.

A veces creo que no me alcanza la vida para hacer las cosas que siempre soñé. Cuando doy una puntada en la débil tela, el mundo se va a levantando poco a poco, pero de forma gradual y poco convicente, tan poco convicente, que no me logro convencer de que está cambiando, de que simplemente está saliéndose del estado neutro de inmovilidad y me cuesta creer que se está preparando para afrontar los problemas como quien no quiere la cosa.
Las preocupaciones me sobrepasan, el papel ya no me sirve para plasmar allí lo que siento. Ni siquiera busco una entrentención en la que pasar el día. Simplemente termino haciendo lo mismo de siempre: gastar mis lápices de colores en hojas que sé botaré, estornudar hasta reventar, tirarme a mi cama a descansar -aún sabiendo que no es lo mejor que puedo hacer- y plagar mi cabeza de sentimientos qué sé no llegarán a ninguna parte, pues siempre se quedan ahí estancados, con ansias de ser sacados a relucir y quedarse allí mismo, sin saber qué hacer.
Te extraño.
Meto de nuevo la aguja. Me pincho el dedo y la sangre sale. La limpio y vuelvo a coser, pensando en qué cosas me gustaría llevar a cabo; pensando en quizás qué cosas; Pensando en los ''si pudiera'', en los ''tal vez'', en aquellos trágicos y reprimidos ''me gustaría'' y cuántas otras frases que se aprenden mientras se duerme, y que luego al despertar a la siguiente mañana, contribuyen a que te veas como una nueva persona, como esa persona que siempre quisiste ser, que tiene un vocabulario desconocido, y el cabello peinado hacia el otro lado.
Mas, ¿qué importa? Puedo ser feliz así. Sí, sí puedo. Lo soy. Al menos mientras las ventanas continúen abiertas, permitiendo que el aire fresco me saque de quicio y pueda volverme loca al verte pasar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario