
Quisiera fundirme en ti, mi amada, mi única, mi pintura de siempre, la que siempre he tenido. Para poder ser parte de tus sueños y quimeras, para ser parte de esa música y el bochinche que sale de tu fresca tela, de tu ligera afición por los campos y avenidas, de tu canto y de tu mística guitarra. Quisiera insertarme en esa vida perfecta de rondas locas y pétalos marchitos, que con cada crepúsculo hacen que la hierba crezca y se rocíe de sonrisas y de una que otra tristeza. Quisiera sentirte para que leas en mis ojos lo que nadie nunca pudo leer, y para que me quites éste miedo que siempre he tenido, éste vértigo a no sentir a nadie a mi lado, a retorcerme de pena y angustia por algo sin solución; a sentirme engañada y desencantada de la vida (Como me he venido sintiendo desde hace ya algún tiempo), a no ser parte de algo y a no sentirme necesitada en algún recóndito lugar. No quiero oxidarme en el presente, perderme en el futuro ni olvidar el pasado, sin ti. Quisiera soñar con tus palomas blancas y amargos frutos silvestres. Quisiera que vengas a bailar conmigo la danza de la libertad junto a los retazos de mi niñez que perdí en los alocados traqueteos de la vida. No sabes cuánto desearía creerme. Creer que existo realmente, que mi existencia no ha sido en vano. Pero, ¿A quién podría importarle un texto que no implique a nadie más a que a mi persona; Nadie más que la vida que me tocó vivir y sus escondrijos de conejo?
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