Oh, océano, coral de mis ojos. Vida subterránea, vida de huellas, cicatrices, arrugas de risa.
Oh, Yann. Tritón mío. ¿Podrías venir a la Ciudad del Monstruo del Árbol y soplar el Diente de león restante, induciéndome a ese maravilloso estado de felicidad antes sentido, hace ya más de un año, y plasmarlo en mis pupilas?
Inmiscúyete en mis órganos, en esta loca de hombros abrazados por la desdicha, en esta piel escamosa de reptil queriendo transformarse en ave y poder volar.
Libérame de todo, para vivir y disfrutar el Carpe Diem; para vivir, y disfrutarme como nunca antes.
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