Hay un largo trecho desde la bugambilia hasta el alhelí.
Si tuviese que elegir, el alhelí sería el más indicado.
No porque sea hermoso ni equilibrado, sino porque es silvestre, aparece de repente, sin previo aviso, y quizás hasta ni siquiera es esperado.
Y luego, te hace florecer, te invita a ser parte de su inequívoca fragancia y pétalos tan suaves y delgados que pareciera que tocas aire denso.
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