Un descargo general, una horda de manifiestos que van desde adentro hacia afuera de mi piel, un grito entremezclado con la marejada furiosa de mar.
Un libro abierto, números titilantes y acordeones remotos, llenan mi espacio sideral de perlas y llamas.
A veces, un par minutos bastan.
Otras, ni días son suficientes.
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