Un pestañeo que condiciona mi oído, éste oído de sonidos ambiguos y cortantes que no deja escuchar todas aquellas palabras que no me han sido/son/serán fructíferas para mí, para mis frases de vida, para esas que me conllevan a -escuálidamente- lograr provocar algo fuera de lo común en los demás.
"Lo esencial es Invisible a los Ojos"; "Carpe Diem".
Me siento inspirada, más que regida por estas frases, por esta alma mutada en palabras, en ortografía, en naturaleza de colores y candores poderosamente invisibles, indescriptiblemente verosímiles.
Nunca creí llegar a pensar que la muralla descascarada comprendía más que ojos desorbitados y manos secas, más que lunares y soles, más que cuervos y alhelíes.
Las cuerdas, los puntos, el pelo en el espacio indicado, la tela corrompiéndose y el mundo caminando a paso de hormiga por ser aplastada. Marcas, cicatrices, gritos atrapados en telarañas milenarias, han quedado condensados en la piel de todo aquél que no es digno de dar pasos adelante sin mirar hacia atrás. Porque esos pasos valen oro. Porque esos pasos son para todo aquél que ha logrado superarse y mirarse al espejo una y otra vez, viéndose en aprietos, viéndose deprimido, viéndose resbalar por una pendiente infinita de piedras mediterráneas y robustas, pero que aún así se sigue encontrando hermoso e impasible, incorroible e inmutable. Cuando la ausencia te suele separar de todo aquello que hace volverte hacia atrás y preguntarte qué te llevó a dónde estás parado, siéntete acompañado por esas fuerzas externas, enérgicas moles que te sacarán del trance momentáneo. Esas que comprenden el hecho de tener el privilegio de estar vivo y la -tanto buena como mala- experiencia. Esas que te darán más de un empujón para salir de tu sombra de duda, de tu nimio sentimiento de pérdida total.
Las rosas, el café de mis ansias, de mi nerviosismo, de mis miedos, de mi música, de mis misterios más recónditos; el camino de tierra que me llevará a avanzar en la concretación de mi personalidad en su más puro estado, es ahora un sendero pedregoso de vaivenes y mal tiempo.
Pero ya que más da, se debe seguir en movimiento, disfrutando de todo, siendo parte de más de una realidad a la vez; no echar nunca pie atrás, comprender que la hermosura se halla en todas partes y saber apreciar todo aquello que me rodea. Ésa es la magia real del vivir.
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