sábado, febrero 13

Desnudez al Viento.

Mi sombrero voló con el viento.
Mi pañuelo se fue y tendrá una aventura entre el cielo despejado y las polvorientas calles de este pueblo.
Mis zapatos salieron corriendo para ensuciarse entre los matorrales y la hierba.
Mi falda saltó desde mis caderas hasta el piso y comenzó a reptar rápidamente hacia la plaza mayor.
Mi blusa y mi chaqueta bailaron vals hasta que desaparecieron de mi vista, seguidas por una bandada de alegres golondrinas, que llevaban a cabo su éxodo.
Mis enaguas y el resto de mi ropa simplemente se desvanecieron en el aire; fue como si se diluyeran y jamás volviesen. Un cambio químico, total, definitivo.

Quizá, si no hubiera sido el año 1943, no me habría sentido tan mal con mi desnudez.

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