viernes, junio 5

Tiempo.

En la inmensidad del vacío, la nula presencia del espacio-tiempo se vuelve mucho más versátil mientras no estás y es entonces cuando tu voz no se difunde con la misma claridad que siempre. La relatividad de los segundos que transcurren es casi insoportable.
Pero sólo una esperanza me queda: El tiempo siempre pasa, no detiene su andar; pase lo que pase, suceda lo que suceda, respire quien respire, viva quien viva, él siempre sigue transcurriendo y, junto a él, las heridas van sanando poco a poco; disminuyendo la fragilidad de tus sueños y piel.
Qué más puedo pedir fuera de que él siga caminando, de que siga su curso, de que siga en su deber de hacer que las personas cambien y maduren; de hacer que la gente olvide cosas esenciales; de hacer que nuestras vidas se vayan colmando de nuevas experiencias a medida que los años pasan por nosotros; de hacer que la gente ame y deje de amar, odie y deje de odiar, sienta y deje de sentir.
En el fondo, el tiempo es el pilar fundamental de la vida: No existiría vida sin algo que la guiara a lo mejor que ella puede recibir de otras vidas, ni a lo mejor que ella puede entregar de sí misma.
..Y siempre transcurre, dejando pasar parajes, momentos, utopías, segundos, pensamientos...; y en eso es en lo que lo admiro de manera casi total: Él sabe dejar atrás y entregarse a lo que viene.
Me pregunto cuántas personas darían su vida por ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario