Cortando lazos y enrejándome bajo una gigantesca pared de titanio, me digo a mí misma que las cosas definitivamente no pueden estar peor, y me doy nuevamente el discurso de que las cosas se curan con el tiempo y se borran hasta formar una mancha tan inidentificable que tan sólo apretujándote los sesos puedes llegar a recordar alguna fracción del suceso.
Y es que ahora lo que menos quiero hacer es pelear, discutir... así que tan sólo dejo que la gente hable, grite, vomite, escupa y delibere todo lo que quiera decir, así luego puedo estar tranquila sin moscas en los oídos que no me dejen ver tal cual yo veo la vida y sus momentos difíciles.
Los argumentos tan sólidos de antaño ahora me parecen estupideces forzadamente fuertes y se vuelven débiles temiendo ser encontrados como tales... Se esconden debajo de mis pies y así cuesta sacarlos de la suela y exponerlos hasta que se cansen de repetir la misma sarta de palabras inexistentes y poco profundas que sólo juntas tienen sentido...
Le tienen una fobia inexplicable como una gran torre de arena al mar, a las palabras rígidas y cuadradas pues no pueden contra ellas: Las abaten, las apuñalan por la espalda y rozan sus aterciopeladas pieles con sus afiladas garras.
Quiero desaparecer y entrar en un nuevo mundo en el cual todo sea nuevo para mí y todo el pasado esté bien atrás, más bien, que ojalá no exista. Que me acepten y no malinterpreten lo que digo, lo que hago y cómo actúo. Cómo hablo, cómo me muevo, cómo miro. Como soluciono, como encuentro mi futuro, como busco la felicidad. Cómo vivo, al fin y al cabo.
...Y la búsqueda luego de una pérdida continúa su curso...
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