jueves, febrero 19

Extrañeza.

Nunca pensé en derrumbarme. Siempre me dije a mí misma que iba a poder soportar todo lo que viniera a mí. Y ahora, me veo tirada en suelo. Me es tan difícil verme débil y frágil frente a algo que quizás no debería importarme. Ella debería no significar nada para mí. Sin embargo, sé que bien al fondo, aún la quiero a pesar de los malos ratos y actos que ella interpretó en mi fatídica obra llamada vida.
Me da angustia de tan sólo saber que ella no se ha pronunciado en ningún minuto en mi vida en los últimos 4 o 5 meses. Los sentimientos encontrados me cubren con su largo e irrompible manto de rabia, cariño, pena...
Rabia por todo lo que ella desencadenó y por todo lo que le hizo ver a los demás sobre mí.
Cariño... porque yo sé que aún la quiero. Y también sé que recuerdo con mucha nostalgia los momentos de hermanas, amigas, compañeras que tuvimos juntas. Esos juegos infantiles y cosas estúpidamente divertidas que compartíamos y hacíamos.
Pena, porque quizás todo esté perdido. Quizás ya no hay nada que salvar.
A pesar de los 'Buenos sentimientos' que puedo estar experimentando luego de un lectura que me sacó del temple en el que estaba con respecto al tema, siento que el cariño no va a ser más que todo lo otro. Siento, también, que nada mejorará y que cada una seguirá el camino que le fue asignado sin la otra. Fuiste algo muy preciado para mí y mi vida. Y también uno de mis pilares fundamentales en su momento. Pero todo ya pasó y la vida nos está persiguiendo de tal forma que no nos podemos detener a pensar en las cosas que pasaron, en la confusión en que se transformó todo y en esa mancha surrealista y ya nada visible que fue nuestra amistad. No debemos, no podemos, no tenemos que mirar atrás. ¿Para qué? ¿Para recordar todo lo bueno que fue y continuar angustiándonos por cosas que ya no pueden rescatarse? No. No hace falta. Y tú tampoco me haces falta ni yo a ti. ¿Para qué estar con cosas? Seamos sinceras. Y si alguna vez quieres acercarte... acércate. No sabes el alivio que me dará, aunque sea para un maldito, corto e insensible 'hola'.

Te quiero, Magda.

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