La separatidad aumentaba y mi corazón seguía bombeando la sangre fuertemente hacia mis extremidades. ¿Podemos decir que fuimos culpables? ¿Podemos decir que fuimos ilusos?
Yo diría que sí.
Viví el regocijo de concederme un tiempo para mí pero a costa de mí misma. ¿Es que no percibí cuando me despedazaba y cada vez nos aislábamos más?
¿Es que no vi cuando, de repente, perdimos el norte y dejamos de percibirnos?
Quién sabe. Quizás muy dentro de mí se hallaba la chispa de Fromm. Esa que ahora me hace pensar que dejarme ir de tal forma abusando de mis sentimientos nunca estuvo bien. Quizás él nunca sabrá lo que pasa realmente por mi mente ni tampoco sabrá lo cruel que sus intenciones han sido o lo tanto que mi corazón ha derramado por saber que sus palabras destrozan con rapidez pedazos de él.
¿Y eso qué? ¿Es que ha cambiado mi vida?
No, no ha cambiado. Sigo siendo la misma loca de antaño. La loca de ilusiones rápidas y sentimientos fáciles de despertar.
Pero he aprendido.
He aprendido que Fromm es un maestro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario