Rompiste esquemas, reglas, estándares.
Pensé que todo lo conocía, hasta que apareciste tú.
Me cautivaste, eras un incomprensible evento, un suceso del que nunca pensé me sentiría parte; al que nunca pensé en pertenecer, al que pensé como tan sólo el ente que me hacía dudar de mi propio razocinio y cordura, de mis sentimentos y de mi existencia.
Fuiste un tornado de metáforas, una ventolera de regiones inexploradas, selvas vírgenes y desiertos deshabitados.
Te transmutaste en la llave de la alegría, en la nube del sentimiento que me envolvió y que sigue aferrándose cada día más fuertemente a mi mente, alma e hígado.
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