(...)
La pared ya no me cuenta ninguna historia.
Nunca te daré la razón.
Contemplé la Brújula del Aire y está agitada.
Hay olor a mar. Y el fuego se bate con el agua, no por existir, sino por permanecer anclados a mi cabeza. Uno con un sentimiento lúgubre y voraz, y el otro con algo más que vida y maleza.
Intento aferrarme a la luz, a las ventanas de postigos abiertos, a las lámparas de bencina, pero mis uñas se atrapan a los arbustos de locura y cabello cortado.
Lancé el mensaje de la botella y las cortinas se descorrieron, dejando entrar al amanecer.
Dragones, bosques y Krakenes.
Conejos, ciervos y Tortugas.
Embusteros, caníbales y Villanos.
Dejé la paloma volar y el valor del volar se hizo de mis propios velos y sueños y miedos, porque cual ciervo, me silencié y tan sólo huí.
Y la bandera blanca surgió de Subterra.
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